Cuando pensamos en qué hace exitosa a una universidad transfiriendo tecnología a la industria, solemos mirar dos cosas: cuánto talento tiene (sus investigadores) y cuánta infraestructura posee (laboratorios, patentes, sistemas). Pero hay una tercera pieza que casi siempre se mide mal —o no se mide en absoluto—: la calidad de sus relaciones internas y con el entorno.
Esa es la conclusión central de una revisión exploratoria realizada por Sara J. Anaya-Chaparro y Hugo E. Martínez-Ardila, de la Universidad Industrial de Santander, publicada en Ingeniería y Competitividad (2026). El estudio analizó 94 publicaciones científicas indexadas en Web of Science para entender cómo la literatura académica ha abordado el capital intelectual en los procesos de transferencia de tecnología universitaria. Y encontró una asimetría que tiene implicaciones prácticas muy concretas para quienes gestionan innovación en instituciones de educación superior.
El capital intelectual de una universidad —entendido como el conjunto de activos intangibles que le permiten transformar conocimiento en valor— se compone tradicionalmente de tres dimensiones:
La revisión muestra que el capital humano y el capital estructural tienen bases conceptuales sólidas y formas de medición relativamente consolidadas: se puede contar el número de publicaciones, patentes, presupuestos de I+D, porcentaje de personal con posgrado, etc. Son variables que a pesar de ser intangibles, pueden identificarse, operacionalizarse y compararse entre instituciones.
El capital relacional es harina de otro costal.
Los autores identifican que, en la mayoría de estudios revisados, el capital relacional se mide mediante:
El problema no es que estos indicadores sean inútiles —de hecho, dan una fotografía útil del nivel de actividad relacional de una institución. El problema es que no explican cómo, por qué o bajo qué condiciones esas relaciones se traducen en resultados concretos de transferencia tecnológica: una licencia ejecutada, una patente comercializada, una spin-off exitosa, el uso del conocimiento generado.
Dicho de otra forma: sabemos cuántas relaciones tiene una universidad, pero no sabemos si esas relaciones están bien estructuradas, si dependen de pocos actores clave (riesgo de fragilidad), si generan flujos reales de conocimiento, o si simplemente existen en el papel sin generar valor.
El estudio enmarca esto dentro de la llamada tercera misión universitaria: la idea de que las instituciones de educación superior no solo deben enseñar e investigar, sino también generar valor económico y social directo para su entorno. Bajo este marco, la transferencia tecnológica es uno de los mecanismos más visibles de esa misión — y depende, casi por definición, de la capacidad de la universidad para coordinarse con múltiples actores externos.
Esto convierte al capital relacional en un recurso estratégico, no accesorio. Y sin embargo, es precisamente la dimensión menos desarrollada conceptual y metodológicamente en la literatura. Los autores lo resumen con claridad: la brecha no está en reconocer que las relaciones importan, sino en la incapacidad de las métricas actuales para explicar su contribución real a los resultados.
Aquí está el aporte práctico del artículo. Los autores proponen complementar los indicadores tradicionales con análisis de redes sociales (Social Network Analysis), una metodología que permite ir más allá de contar relaciones para entender su arquitectura:
Este enfoque no reemplaza los indicadores tradicionales de capital relacional, los complementa, dándoles profundidad estructural. Permite, por ejemplo, identificar si la capacidad de transferencia tecnológica de una universidad depende excesivamente de un puñado de investigadores «puente» (riesgo de dependencia), o si existen redes robustas y diversificadas de colaboración.
Para oficinas de transferencia tecnológica (TTOs), vicerrectorías de investigación, gestores de I+D+i y hacedores de política de innovación, este estudio ofrece varias implicaciones prácticas:
Los autores cierran señalando hacia dónde debería avanzar la investigación futura:
En resumen: seguir afirmando que «las relaciones importan» para la transferencia tecnológica ya no es suficiente. El reto de la próxima década para las universidades —y para quienes las asesoran en innovación— es desarrollar formas más precisas de entender cómo esas relaciones se convierten en resultados tangibles.
Hugo Ernesto Martínez
Investigador Senior del Grupo de Investigación INNOTEC
En REDDI Colombia, junto con el grupo de investigación INNOTEC de la Universidad Industrial de Santander, analizamos más de dos décadas de investigación científica (2001-2023) a través de una muestra de 124 publicaciones, para entender cómo se está conectando el e-learning con el Internet de las Cosas (IoT). Estas son las conclusiones más interesantes:
Entre 2002 y 2013 no se registraron publicaciones en la muestra analizada sobre el tema. Pero desde 2016 la investigación empezó a crecer con fuerza, alcanzando su punto más alto en 2022. La pandemia del COVID-19 aceleró este interés: obligó a las instituciones a repensar cómo enseñar a distancia, y el IoT apareció como una herramienta clave para lograrlo.
China y Arabia Saudita lideran la producción científica en este campo, quienes exhiben una fuerte colaboración en investigación. Llama la atención que América Latina todavía tiene una presencia muy baja en esta área, lo que representa una gran oportunidad para que la región empiece a construir su propio camino de investigación e innovación en IoT aplicado a la educación.
El e-learning y el IoT no funcionan solos. La investigación muestra que se combinan cada vez más con:
Esto ha dado paso a conceptos como «aprendizaje inteligente», «educación inteligente» y «universidad inteligente».
Uno de los hallazgos más valiosos es el potencial e-learning y el IoT para apoyar experiencias de aprendizaje personalizadas, ampliar el acceso y reducir brechas digitales. Bien implementado, puede llevar educación de calidad a estudiantes con discapacidad, en zonas rurales o con pocos recursos, sin importar su ubicación geográfica.
La mayoría de los estudios actuales son teóricos. El siguiente paso y la gran oportunidad es pasar a implementaciones prácticas y reales, que demuestren el impacto del IoT en el aula (física o virtual) del día a día.
Este análisis hace parte de nuestra investigación presentada en la 23rd LACCEI International Multi-Conference (Ciudad de México, julio 2025).
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Conoce más de Reddi Colombia
Sara Anaya
Analista de proyectos de Reddi
Juan Manuel Chaves
Gerente de Reddi Colombia
Existe la creencia de que reunir a investigadores y empresarios en una misma sala es el punto de partida de la innovación. Sin embargo, descubrí que tener el talento y la voluntad no garantizaba que los proyectos se dieran. A menudo, las conversaciones perdían impulso apenas comenzaban. El problema no era la falta de interés, sino la ausencia de un ingrediente invisible pero esencial: la confianza.
Ese vacío se llena al reconocer que la academia y la empresa, aunque comparten el interés por resolver desafíos complejos, operan bajo lógicas distintas. Mientras la empresa prioriza la viabilidad, los tiempos de mercado y la implementación, el investigador se centra en el rigor, la evidencia y la validez científica. Lejos de ser un obstáculo, esta diferencia es el motor de la innovación: cuando se alinean, la profundidad del conocimiento académico se nutre del enfoque pragmático del sector empresarial, permitiendo que las ideas se transformen en soluciones de alto impacto.
Las mejores colaboraciones que he visto no empiezan con la intención de resolverlo todo de una vez. Empiezan con una conversación honesta, un reto bien definido y una primera oportunidad para trabajar juntos. Probar una solución, validar una hipótesis o desarrollar un piloto permite que las partes se conozcan a través de la acción. Allí se construyen acuerdos, se aclaran expectativas y, sobre todo, se generan resultados que dan confianza para avanzar.
Por eso la innovación abierta va mucho más allá de conectar personas o publicar una convocatoria. Se trata de crear las condiciones para que el conocimiento encuentre problemas relevantes y para que las organizaciones encuentren capacidades que, por sí solas, no tendrían. Es abrir un espacio donde empresas, startups, universidades y centros de investigación puedan poner en común lo que saben hacer y convertirlo en impacto.
Esa es la apuesta de BioenergyTech. Una iniciativa liderada por Econova, red de innovación del Grupo Ecopetrol, operada por la Cámara de Comercio de Cali y ejecutada por Reddi Colombia que busca conectar capacidades tecnológicas con retos reales del sector agroindustrial. La convocatoria abre oportunidades para desarrollar soluciones alrededor del aprovechamiento energético de residuos porcícolas, caña (vinaza y cachaza) y, cascarilla de arroz.
BioenergyTech propone llevar las soluciones a escenarios reales. Las organizaciones seleccionadas podrán avanzar hacia la validación de sus tecnologías en el Valle del Cauca, con acompañamiento especializado y recursos destinados al desarrollo de tres pilotos. Es una oportunidad para demostrar capacidades, fortalecer alianzas y contribuir a una transición energética que aproveche mejor los recursos disponibles en nuestro territorio.
Creemos que en Colombia existen soluciones, talento y conocimiento para transformar los residuos agroindustriales en nuevas oportunidades de sostenibilidad, competitividad y desarrollo. Lo que necesitamos es seguir creando espacios para encontrarnos, probar, aprender y escalar juntos.
Si su empresa, startup, universidad, grupo de investigación o centro tecnológico cuenta con una solución que pueda aportar a estos desafíos, los invitamos a conocer la convocatoria y postularse antes del 31 de agosto de 2026.
Conozca los retos y participe en www.reddicolombia.com/bioenergytech/
Las universidades viven hoy una paradoja interesante: sus activos más valiosos son intangibles y van mucho más allá de la infraestructura tradicional. El conocimiento y capacidades de su comunidad, su capacidad organizativa y estructura, y la solidez y pertinencia de sus vínculos con el entorno, son los verdaderos motores de su calidad y sostenibilidad. Sin embargo, pocas universidades los gestionan de manera sistemática.
Este es precisamente el punto de partida de una investigación que tuve la oportunidad de desarrollar, titulada «Capital intelectual en instituciones de educación superior: una revisión exploratoria de literatura», y que fue presentada en el marco del Encuentro Internacional de Educación en Ingeniería ACOFI 2025.
¿Qué es el capital intelectual y por qué debería importarle a una universidad?
El capital intelectual (CI) puede entenderse como el conjunto de activos intangibles que permiten a una organización transformar sus recursos —humanos, financieros y materiales— en valor real. En el caso de las universidades, ese valor se traduce en la calidad de la enseñanza, la producción investigativa y el impacto social.
Este concepto se articula en tres dimensiones que actúan de forma interdependiente:
🧠 Capital Humano (CH): los conocimientos, competencias y experiencia de la comunidad universitaria —docentes, investigadores, personal administrativo y estudiantes— que son el corazón de los procesos misionales.
🏛️ Capital Estructural (CE): los sistemas, procesos, tecnologías y la cultura organizacional que sostienen el funcionamiento institucional, incluso cuando las personas cambian.
🤝 Capital Relacional (CR): las redes de colaboración con otras instituciones, el sector productivo, los egresados y la sociedad, que amplían el alcance y los recursos de la universidad.
¿Qué encontró la revisión de literatura?
A partir del análisis de 39 documentos publicados entre 2020 y 2024 —seleccionados de una búsqueda inicial de 674 en Web of Science— emergen hallazgos que invitan a repensar la gestión universitaria
Las universidades que gestionan estratégicamente su capital intelectual logran alinear mejor sus recursos con sus objetivos, lo que se traduce en mayor calidad docente, más producción investigativa y una interacción más efectiva con el entorno.
2. Medir el CI permite tomar mejores decisiones.
Lejos de ser un ejercicio teórico, la medición del CI ayuda a las IES a identificar fortalezas y debilidades concretas en sus tres ejes misionales: docencia, investigación y extensión. Esto convierte al CI en una herramienta de autoevaluación estratégica y de mejora continua.
3. El capital humano lidera la conversación, pero no puede actuar solo.
La literatura revisada destaca especialmente la «calidad de la enseñanza» y la «calidad del cuerpo docente» como factores clave. Sin embargo, la evidencia también señala que el capital estructural —con la integración de tecnología y procesos eficientes— y el capital relacional —a través de alianzas estratégicas— son igualmente fundamentales para un desempeño institucional integral.
4. El capital relacional es el gran pendiente.
Uno de los hallazgos más llamativos de la revisión es la brecha que existe en la literatura respecto al capital relacional. A pesar de que todos los estudios coinciden en su importancia, es la dimensión menos explorada empíricamente. Esto representa tanto una oportunidad de investigación como un reto de gestión para las universidades.
La pregunta que queda abierta, y que esta investigación propone como agenda futura, es: ¿cuál es el impacto específico de cada dimensión del CI en la calidad de cada eje misional? Responderla con evidencia empírica sólida podría transformar la forma en que las universidades se planifican, se evalúan y se relacionan con sus comunidades.
📄 Lee el artículo completo aquí:
👉 https://acofipapers.org/index.php/eiei/article/view/4406/2853
En Colombia, las MiPymes representan el corazón del tejido empresarial. Su capacidad para generar empleo, dinamizar economías locales y adaptarse a nuevos retos las convierte en actores fundamentales para el desarrollo regional. Sin embargo, muchas de estas empresas enfrentan desafíos importantes cuando buscan innovar: acceso limitado a tecnología, falta de recursos especializados y barreras para conectar con ecosistemas de conocimiento.
Frente a este panorama, las alianzas estratégicas entre empresas, universidades y entidades de transferencia de conocimiento se consolidan como una herramienta esencial para fortalecer la competitividad y promover procesos de innovación sostenible.
Precisamente, esta reflexión surge a partir del artículo científico “Strategic Alliances as Drivers of Sustainable Innovation in MSMEs in Cauca, Colombia”, desarrollado por el equipo de Reddi Colombia y publicado en la revista académica INGE CUC.
El estudio, desarrollado en el marco del proyecto Fusióni3 Cauca, analizó las necesidades de innovación de 30 MiPymes de sectores como agroindustria, manufactura, comercio, turismo, construcción y tecnologías de la información en el departamento del Cauca.
Uno de los principales hallazgos fue que las empresas no sólo requieren acceso a nuevas tecnologías, sino también acompañamiento estratégico para fortalecer capacidades internas que les permitan sostener la innovación en el tiempo.
La investigación identificó cuatro pilares fundamentales en los que las MiPymes concentran sus principales necesidades:
Estos pilares evidencian que la innovación no depende únicamente de incorporar herramientas tecnológicas, sino de construir procesos organizacionales más adaptativos, eficientes y orientados al aprendizaje continuo.
El estudio también resalta el rol estratégico que cumplen las Instituciones de Educación Superior y entidades de desarrollo e innovación dentro del ecosistema regional.
Las universidades aportan capacidades de investigación, conocimiento técnico y talento humano especializado. Por su parte, entidades como Reddi Colombia facilitan conexiones, articulan actores y promueven procesos de transferencia tecnológica que acercan esas capacidades al sector empresarial.
Esta relación permite que las empresas accedan a:
Más allá de resolver necesidades inmediatas, estas alianzas fortalecen la capacidad de las MiPymes para adaptarse a mercados dinámicos y construir ventajas competitivas sostenibles.
Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la manera en que aborda la innovación sostenible. El concepto no se limita a implementar nuevas herramientas o procesos, sino que incorpora dimensiones sociales, económicas y ambientales alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Esto implica promover una cultura organizacional capaz de:
En este sentido, la sostenibilidad de la innovación depende tanto de la tecnología como de la capacidad de las organizaciones para construir relaciones de colaboración y fortalecer sus capacidades internas.
La experiencia de Fusióni3 Cauca demuestra que cuando el conocimiento se conecta con las necesidades reales del territorio, se generan oportunidades concretas para transformar empresas y fortalecer ecosistemas regionales de innovación.
Las MiPymes necesitan aliados que les permitan avanzar en procesos de transformación, mientras que las universidades y entidades de innovación tienen la oportunidad de acercar sus capacidades al sector productivo de manera más estratégica y aplicada.
Ángela Castro
Jefe de proyectos
En Reddi creemos que la innovación ocurre cuando las capacidades se conectan y generan oportunidades reales de colaboración, crecimiento y desarrollo sostenible.
Porque fortalecer la innovación en las regiones no es solo impulsar nuevas tecnologías: es construir redes de confianza, transferencia de conocimiento y trabajo conjunto que permitan que más empresas innoven, crezcan y permanezcan competitivas en el tiempo.
Autores: Ángela María Castro-Rodríguez, Laura María López-Castrillón, Catalina Rúa-Gómez y Miguel Ángel Piedrahita Triviño
Conferencia «Innovación con impacto empresarial»
Presidente gremial, mentor y emprendedor serial
EdTech HUB LATAM + 90 Edtechs
Asociación de emprendedores +500 marcas de consumo
Ha logrado:
El evento contó con la participación de más de 101 asistentes en la Universidad Javeriana Cali.
Fue el primer acercamiento entre IES aliadas y MiPyMEs beneficiarias.
17 de estas MiPyMEs presentaron su Pitch, 11 tecnologías de las IES aliadas fueron presentadas en el Experience Day, las cuales tuvieron 28 validaciones pre-comerciales.
Conferencia: El camino de Quipu: de proyecto de investigación en MIT a fintech de inclusión financiera.
Cofundador y COO de Quipu Bank
Profesional en Gestión y Desarrollo Urbanos de la Universidad del Rosario, especialista en Derecho Urbano, y cuenta con una maestría en Planificación Urbana con énfasis en desarrollo económico del MIT. Como cofundador y COO de Quipu, una fintech de rápido crecimiento en Colombia, fue reconocido como Fellow del programa The Global Good Fund en 2023. Quipu ha recibido importantes reconocimientos de entidades como el Banco Mundial, Google, MIT, Forbes y Fast Company, consolidándose como un referente en inclusión financiera e innovación empresarial.
Director comercial de NotCo Colombia
Responsable de establecer la estrategia de negocio de NotCo en Colombia, en los frentes de Food Service, Retail. Administrador de negocios y especialista en mercadeo, con más de 25 años de experiencia liderando áreas de innovación en la industria de consumo masivo en Latinoamérica.
Conferencia: Efectos positivos de red.
CEO de Mentex y experta en innovación, reconocida entre los Top 100 gerentes de Colombia. Descubre cómo maximizar los efectos positivos de red y el impacto de la Alianza DeepTech en el fortalecimiento y escalamiento de startups en la región.