Hugo Ernesto Martínez
Investigador Senior del Grupo de Investigación INNOTEC

En REDDI Colombia, junto con el grupo de investigación INNOTEC de la Universidad Industrial de Santander, analizamos más de dos décadas de investigación científica (2001-2023) a través de una muestra de 124 publicaciones, para entender cómo se está conectando el e-learning con el Internet de las Cosas (IoT). Estas son las conclusiones más interesantes:

Un campo emergente

Entre 2002 y 2013 no se registraron publicaciones en la muestra analizada sobre el tema. Pero desde 2016 la investigación empezó a crecer con fuerza, alcanzando su punto más alto en 2022. La pandemia del COVID-19 aceleró este interés: obligó a las instituciones a repensar cómo enseñar a distancia, y el IoT apareció como una herramienta clave para lograrlo.

¿Qué países lideran la investigación?

China y Arabia Saudita lideran la producción científica en este campo, quienes exhiben una fuerte colaboración en investigación. Llama la atención que América Latina todavía tiene una presencia muy baja en esta área, lo que representa una gran oportunidad para que la región empiece a construir su propio camino de investigación e innovación en IoT aplicado a la educación.

Las tecnologías que acompañan al IoT en la educación

El e-learning y el IoT no funcionan solos. La investigación muestra que se combinan cada vez más con:

  • Inteligencia artificial
  • Big data
  • Blockchain
  • Computación en la nube
  • Realidad aumentada y virtual

Esto ha dado paso a conceptos como «aprendizaje inteligente», «educación inteligente» y «universidad inteligente».

Más allá de la tecnología: inclusión educativa

Uno de los hallazgos más valiosos es el potencial e-learning y el IoT para apoyar experiencias de aprendizaje personalizadas, ampliar el acceso y reducir brechas digitales. Bien implementado, puede llevar educación de calidad a estudiantes con discapacidad, en zonas rurales o con pocos recursos, sin importar su ubicación geográfica.

¿Qué falta?

La mayoría de los estudios actuales son teóricos. El siguiente paso y la gran oportunidad es pasar a implementaciones prácticas y reales, que demuestren el impacto del IoT en el aula (física o virtual) del día a día.

Este análisis hace parte de nuestra investigación presentada en la 23rd LACCEI International Multi-Conference (Ciudad de México, julio 2025).

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Autores: Hugo Ernesto Martínez, Sara Juliana Anaya, y Ángela María Castro

Juan Manuel Chaves
Gerente de Reddi Colombia

Existe la creencia de que reunir a investigadores y empresarios en una misma sala es el punto de partida de la innovación. Sin embargo, descubrí que tener el talento y la voluntad no garantizaba que los proyectos se dieran. A menudo, las conversaciones perdían impulso apenas comenzaban. El problema no era la falta de interés, sino la ausencia de un ingrediente invisible pero esencial: la confianza.


Ese vacío se llena al reconocer que la academia y la empresa, aunque comparten el interés por resolver desafíos complejos, operan bajo lógicas distintas. Mientras la empresa prioriza la viabilidad, los tiempos de mercado y la implementación, el investigador se centra en el rigor, la evidencia y la validez científica. Lejos de ser un obstáculo, esta diferencia es el motor de la innovación: cuando se alinean, la profundidad del conocimiento académico se nutre del enfoque pragmático del sector empresarial, permitiendo que las ideas se transformen en soluciones de alto impacto.


Las mejores colaboraciones que he visto no empiezan con la intención de resolverlo todo de una vez. Empiezan con una conversación honesta, un reto bien definido y una primera oportunidad para trabajar juntos. Probar una solución, validar una hipótesis o desarrollar un piloto permite que las partes se conozcan a través de la acción. Allí se construyen acuerdos, se aclaran expectativas y, sobre todo, se generan resultados que dan confianza para avanzar.


Por eso la innovación abierta va mucho más allá de conectar personas o publicar una convocatoria. Se trata de crear las condiciones para que el conocimiento encuentre problemas relevantes y para que las organizaciones encuentren capacidades que, por sí solas, no tendrían. Es abrir un espacio donde empresas, startups, universidades y centros de investigación puedan poner en común lo que saben hacer y convertirlo en impacto.

Esa es la apuesta de BioenergyTech. Una iniciativa liderada por Econova, red de innovación del Grupo Ecopetrol, operada por la Cámara de Comercio de Cali y  ejecutada por Reddi Colombia que busca conectar capacidades tecnológicas con retos reales del sector agroindustrial. La convocatoria abre oportunidades para desarrollar soluciones alrededor del aprovechamiento energético de residuos porcícolas, caña (vinaza y cachaza) y, cascarilla de arroz.

 

 

BioenergyTech propone llevar las soluciones a escenarios reales. Las organizaciones seleccionadas podrán avanzar hacia la validación de sus tecnologías en el Valle del Cauca, con acompañamiento especializado y recursos destinados al desarrollo de tres pilotos. Es una oportunidad para demostrar capacidades, fortalecer alianzas y contribuir a una transición energética que aproveche mejor los recursos disponibles en nuestro territorio.

 

 

Creemos que en Colombia existen soluciones, talento y conocimiento para transformar los residuos agroindustriales en nuevas oportunidades de sostenibilidad, competitividad y desarrollo. Lo que necesitamos es seguir creando espacios para encontrarnos, probar, aprender y escalar juntos.

 

 

Si su empresa, startup, universidad, grupo de investigación o centro tecnológico cuenta con una solución que pueda aportar a estos desafíos, los invitamos a conocer la convocatoria y postularse antes del 31 de agosto de 2026.

 

 

Conozca los retos y participe en www.reddicolombia.com/bioenergytech/

Las universidades viven hoy una paradoja interesante: sus activos más valiosos son intangibles y van mucho más allá de la infraestructura tradicional. El conocimiento y capacidades de su comunidad, su capacidad organizativa y estructura, y la solidez y pertinencia de sus vínculos con el entorno, son los verdaderos motores de su calidad y sostenibilidad. Sin embargo, pocas universidades los gestionan de manera sistemática.

 

Este es precisamente el punto de partida de una investigación que tuve la oportunidad de desarrollar, titulada «Capital intelectual en instituciones de educación superior: una revisión exploratoria de literatura», y que fue presentada en el marco del Encuentro Internacional de Educación en Ingeniería ACOFI 2025.

 

¿Qué es el capital intelectual y por qué debería importarle a una universidad?

 

El capital intelectual (CI) puede entenderse como el conjunto de activos intangibles que permiten a una organización transformar sus recursos —humanos, financieros y materiales— en valor real. En el caso de las universidades, ese valor se traduce en la calidad de la enseñanza, la producción investigativa y el impacto social.

Sara Anaya
Analista de proyectos de Reddi

Este concepto se articula en tres dimensiones que actúan de forma interdependiente:

 

🧠 Capital Humano (CH): los conocimientos, competencias y experiencia de la comunidad universitaria —docentes, investigadores, personal administrativo y estudiantes— que son el corazón de los procesos misionales.

 

🏛️ Capital Estructural (CE): los sistemas, procesos, tecnologías y la cultura organizacional que sostienen el funcionamiento institucional, incluso cuando las personas cambian.

 

🤝 Capital Relacional (CR): las redes de colaboración con otras instituciones, el sector productivo, los egresados y la sociedad, que amplían el alcance y los recursos de la universidad.

 

¿Qué encontró la revisión de literatura?

 

A partir del análisis de 39 documentos publicados entre 2020 y 2024 —seleccionados de una búsqueda inicial de 674 en Web of Science— emergen hallazgos que invitan a repensar la gestión universitaria

  1. El CI es un impulsor de innovación institucional.

 

Las universidades que gestionan estratégicamente su capital intelectual logran alinear mejor sus recursos con sus objetivos, lo que se traduce en mayor calidad docente, más producción investigativa y una interacción más efectiva con el entorno.

2. Medir el CI permite tomar mejores decisiones.

 

Lejos de ser un ejercicio teórico, la medición del CI ayuda a las IES a identificar fortalezas y debilidades concretas en sus tres ejes misionales: docencia, investigación y extensión. Esto convierte al CI en una herramienta de autoevaluación estratégica y de mejora continua.

3. El capital humano lidera la conversación, pero no puede actuar solo.

 

La literatura revisada destaca especialmente la «calidad de la enseñanza» y la «calidad del cuerpo docente» como factores clave. Sin embargo, la evidencia también señala que el capital estructural —con la integración de tecnología y procesos eficientes— y el capital relacional —a través de alianzas estratégicas— son igualmente fundamentales para un desempeño institucional integral.

4. El capital relacional es el gran pendiente.

 

Uno de los hallazgos más llamativos de la revisión es la brecha que existe en la literatura respecto al capital relacional. A pesar de que todos los estudios coinciden en su importancia, es la dimensión menos explorada empíricamente. Esto representa tanto una oportunidad de investigación como un reto de gestión para las universidades.

La pregunta que queda abierta, y que esta investigación propone como agenda futura, es: ¿cuál es el impacto específico de cada dimensión del CI en la calidad de cada eje misional? Responderla con evidencia empírica sólida podría transformar la forma en que las universidades se planifican, se evalúan y se relacionan con sus comunidades.

 

📄 Lee el artículo completo aquí:


 👉 https://acofipapers.org/index.php/eiei/article/view/4406/2853

Autores: Sara Juliana Anaya, Ángela María Castro y Hugo Ernesto Martínez

En Colombia, las MiPymes representan el corazón del tejido empresarial. Su capacidad para generar empleo, dinamizar economías locales y adaptarse a nuevos retos las convierte en actores fundamentales para el desarrollo regional. Sin embargo, muchas de estas empresas enfrentan desafíos importantes cuando buscan innovar: acceso limitado a tecnología, falta de recursos especializados y barreras para conectar con ecosistemas de conocimiento.

Frente a este panorama, las alianzas estratégicas entre empresas, universidades y entidades de transferencia de conocimiento se consolidan como una herramienta esencial para fortalecer la competitividad y promover procesos de innovación sostenible.

Precisamente, esta reflexión surge a partir del artículo científico “Strategic Alliances as Drivers of Sustainable Innovation in MSMEs in Cauca, Colombia”, desarrollado por el equipo de Reddi Colombia y publicado en la revista académica INGE CUC.

 

Innovar desde la colaboración

El estudio, desarrollado en el marco del proyecto Fusióni3 Cauca, analizó las necesidades de innovación de 30 MiPymes de sectores como agroindustria, manufactura, comercio, turismo, construcción y tecnologías de la información en el departamento del Cauca.

Uno de los principales hallazgos fue que las empresas no sólo requieren acceso a nuevas tecnologías, sino también acompañamiento estratégico para fortalecer capacidades internas que les permitan sostener la innovación en el tiempo.

La investigación identificó cuatro pilares fundamentales en los que las MiPymes concentran sus principales necesidades:

  • Mejora continua
  • Gestión tecnológica
  • Desarrollo de productos
  • Posicionamiento en el mercado

Estos pilares evidencian que la innovación no depende únicamente de incorporar herramientas tecnológicas, sino de construir procesos organizacionales más adaptativos, eficientes y orientados al aprendizaje continuo.

 

El papel de las universidades y entidades de innovación

 

El estudio también resalta el rol estratégico que cumplen las Instituciones de Educación Superior y entidades de desarrollo e innovación dentro del ecosistema regional.

 

Las universidades aportan capacidades de investigación, conocimiento técnico y talento humano especializado. Por su parte, entidades como Reddi Colombia facilitan conexiones, articulan actores y promueven procesos de transferencia tecnológica que acercan esas capacidades al sector empresarial.

 

Esta relación permite que las empresas accedan a:

 

  • Formación especializada
  • Consultoría y acompañamiento técnico
  • Investigación aplicada
  • Desarrollo y validación de productos
  • Estrategias de transformación digital
  • Redes de innovación y colaboración

 

Más allá de resolver necesidades inmediatas, estas alianzas fortalecen la capacidad de las MiPymes para adaptarse a mercados dinámicos y construir ventajas competitivas sostenibles.

Innovación sostenible: más allá de la tecnología

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es la manera en que aborda la innovación sostenible. El concepto no se limita a implementar nuevas herramientas o procesos, sino que incorpora dimensiones sociales, económicas y ambientales alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

 

Esto implica promover una cultura organizacional capaz de:

 

  • Aprender continuamente
  • Adaptarse a los cambios
  • Incorporar prácticas sostenibles
  • Generar valor a largo plazo
  •  

En este sentido, la sostenibilidad de la innovación depende tanto de la tecnología como de la capacidad de las organizaciones para construir relaciones de colaboración y fortalecer sus capacidades internas.

 

Un ecosistema que se fortalece conectando capacidades

 

La experiencia de Fusióni3 Cauca demuestra que cuando el conocimiento se conecta con las necesidades reales del territorio, se generan oportunidades concretas para transformar empresas y fortalecer ecosistemas regionales de innovación.

 

Las MiPymes necesitan aliados que les permitan avanzar en procesos de transformación, mientras que las universidades y entidades de innovación tienen la oportunidad de acercar sus capacidades al sector productivo de manera más estratégica y aplicada.

Ángela Castro

Jefe de proyectos

En Reddi creemos que la innovación ocurre cuando las capacidades se conectan y generan oportunidades reales de colaboración, crecimiento y desarrollo sostenible.

Porque fortalecer la innovación en las regiones no es solo impulsar nuevas tecnologías: es construir redes de confianza, transferencia de conocimiento y trabajo conjunto que permitan que más empresas innoven, crezcan y permanezcan competitivas en el tiempo.

Autores: Ángela María Castro-Rodríguez, Laura María López-Castrillón, Catalina Rúa-Gómez y Miguel Ángel Piedrahita Triviño

Durante décadas, la innovación empresarial en Colombia se entendió como un asunto interno: el departamento de Investigación y Desarrollo, el equipo de tecnología, el gerente con visión. Un esfuerzo propio, casi solitario.

 

Pero el mundo cambió. Y con él, la manera en que las organizaciones más competitivas del planeta innovan: ya no lo hacen solas. Lo hacen en red.

 

Hoy, los ecosistemas de innovación más potentes del mundo tienen algo en común: lograron que sus empresas, universidades, centros de investigación e instituciones dejaran de avanzar en paralelo y empezaran a moverse en la misma dirección.

 

Colombia tiene el talento para estar en esa conversación. La pregunta es si tenemos la articulación para aprovecharlo.

 

En Colombia ya entendimos algo: tener buenas ideas no siempre es suficiente.

 

Porque la innovación no ocurre en solitario. Ocurre cuando alguien tiene un reto… y otro tiene la capacidad de resolverlo.

 

Y ahí es donde empieza a cobrar sentido hablar de ecosistema.

 

No es falta de talento. Es falta de conexión.

 

A lo largo de los últimos años, en Reddi hemos visto un patrón claro:
las capacidades existen, pero muchas veces no se encuentran.

 

Empresas que necesitan innovar, pero no saben a qué universidad acudir.
Universidades con soluciones listas, pero sin acceso al mercado.


Emprendedores buscando aliados… y encontrando solo convocatorias.

No es que no esté pasando nada. Es que está pasando desconectado.

 

Y cuando cada actor avanza por su lado, el impacto se queda corto.

Articular no es coordinar. Es hacer que las cosas pasen.

 

Hablar de articulación no es llenar mesas de trabajo.


Es lograr que el conocimiento llegue donde se necesita.

 

Es que una empresa no tenga que desarrollar desde cero, porque ya existe una solución en el mercado. 

 

Es que la investigación no se quede en el papel, sino que termine en el mercado, generando valor real.

 

Es que los actores dejen de competir por separado
y empiecen a construir juntos.

 

Desde el Valle del Cauca, ya está pasando

 

En el Valle del Cauca vemos todos los días el potencial:
capacidades científicas, empresas con visión, instituciones comprometidas.

 

Pero también vemos el reto: conectar esas piezas para que realmente generen impacto.

 

El gran reto es: Que una necesidad empresarial encuentre respuesta en la academia.


Que la innovación no dependa de contactos, sino de un sistema.


Que  las soluciones escalen, no se queden en pilotos.

La innovación deja de ser individual para volverse colectiva.

La pregunta clave no es si debes innovar

Es: ¿con quién lo estás haciendo?

 

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En entornos de alta incertidumbre, la ventaja competitiva no está en adivinar el futuro, está en anticiparte para el.

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